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Bogotá, (Colombia).Si al escuchar hablar de OVA queda en blanco y lo más parecido que viene a su mente son los OVNI (objeto volador no identificado), usted hace parte del inmenso grupo de colombianos ajeno al surgimiento de este recurso pedagógico que en la actualidad es un verdadero éxito internacional.

Resultado de imagen para Exitoso recurso multimedia para enseñar desde cine hasta gestión de suelos OVA significa objeto virtual de aprendizaje y dentro de sus principales características está tener una estructura modular, ser reutilizable, nacer con un propósito educativo, y contar con al menos tres componentes internos que son contenidos, actividades de aprendizaje y elementos de evaluación y contextualización. Su gran fortaleza radica en que involucra todas las herramientas que se pueden aprovechar gracias a las tecnologías de la información y la comunicación.

Con tantas ventajas y con el gusto de los estudiantes por los escenarios digitales, era apenas predecible que las instituciones educativas se volcarían a promover el uso del OVA por parte de sus profesores. Pero, el punto es que la mayoría de los docentes no son nativos digitales, eso significa que para ellos, hacer un OVA es como se dice popularmente “hablar en mandarín”.

Consciente de esa realidad, la Universidad de La Salle, institución acreditada de alta calidad, se dedicó a buscar alternativas que ayuden a los docentes a navegar por las aguas de la tecnología con absoluta destreza. “Así nació el concurso para docentes de Creación de Objetivos Virtuales de Aprendizaje OVA, que busca desarrollar métodos que sirvan como mediación pedagógica en las prácticas académicas y que tengan el componente didáctico de la multimedia que sin duda es atractivo para los estudiantes”, explica Sergio Gómez, Director de Pedagogía, Didáctica y Educación e-learning.

“La principal fortaleza de esta iniciativa es que permite generar una cultura de producción de materiales didácticos reutilizables, y también, una dinámica de aprendizaje cooperativo que con el tiempo va conformando un banco de recursos académicos, fácilmente almacenables y utilizables”, añade Gómez.

El concurso ha tenido gran acogida. Los docentes cada día usan más recursos tecnológicos. El desarrollo de esas habilidades les permite sorprender a los estudiantes quienes en la mayoría de los casos llevan la delantera en el dominio del mundo digital, todo esto con las directrices de La Universidad de La Salle que ha entendido el papel de los objetos de aprendizaje como mecanismo indispensable en la relación docente estudiante en escenarios mixtos; es decir, programas presenciales con ayudas virtuales.

¡Que no le metan, gato por liebre!

Por supuesto ante el auge de estos recursos tecnológicos, existe el riesgo de llamar OVA a algo que no lo es. En ese sentido Gómez, explica que “en muchas ocasiones, la gente le asigna el concepto de OVA a cualquier recurso digital, como, por ejemplo, un video, una infografía, o incluso, una multimedia. Más allá que el propósito educativo sea válido, un OVA tiene particularidades ineludibles que lo diferencian de todos los materiales didácticos, mediados por tecnologías”. Estos elementos, según el Ministerio de Educación Nacional (2006), son:

– Es un conjunto de recursos digitales, autocontenible y reutilizable.
– Tener un propósito educativo.
– Estar constituido por al menos tres componentes internos: contenidos, actividades de aprendizaje y elementos de evaluación contextualización.
– El objeto de aprendizaje debe tener una estructura de información externa (metadatos) que facilite su almacenamiento, identificación y recuperación. Un OVA que no tenga al menos una de estas tres condiciones, no se considerará de calidad”.

En el caso de la Universidad de La Salle, hay una clara diferencia entre un objeto de información con fines didácticos -que puede ser un video, un tutorial o un instructivo; un recurso educativo digital con altos niveles de interactividad –como por ejemplo, un laboratorio simulado, un video juego o una multimedia-; y un objeto de aprendizaje, que tiene como valor agregado esa interoperabilidad y capacidad modular que permite desarrollar prácticas educativas abiertas al interior de la institución: una condición elemental para el cimiento de esa cultura digital que reivindica la solidaridad y la cooperación, más allá de los tecnicismos.