La ola invernal que azota al país ha afectado, hasta la fecha, a 40.000 hectáreas sembradas en palma de aceite, tanto en producción como en desarrollo.

 

 

A ello se suman las pérdidas en viveros, suspensión de la fertilización, daños en la infraestructura productiva de las plantaciones –canales de riego y drenaje, maquinaria, cable vías, bodegas y depósitos -, así como en la infraestructura física de las zonas palmeras  – vías internas y terciarias, puentes, redes de transmisión eléctrica, transporte fluvial -,  y en la infraestructura y servicios sociales  de las mismas – vivienda, establecimientos educativos, centros de salud, sistemas de acueductos y alcantarillados, servicios comunitarios -.

Todo ello, complementado con el impacto económico directo – pérdida de fruto dejado de cosechar, lucro cesante de la mano de obra  y afectación de la logística para provisión de fruto y extracción de aceite de palma – eleva el monto de las pérdidas totales a $100.000 millones, aproximadamente, precisa Jens Mesa Dishington, Presidente Ejecutivo de Fedepalma.
 
El dirigente gremial asegura que esta desfavorable coyuntura climática ha tenido efectos desastrosos sobre la infraestructura vial terciaria de acceso a muchas plantaciones, pero también en las vías internas de las mismas, con lo cual la logística y la movilidad de la fruta, insumos y aceite se han dificultado mucho.
 
Se ha dado el caso de plantaciones inundadas de pequeños y medianos productores que se han visto obligados a suspender labores de manejo de cultivos y cosechas por no tener ningún acceso a sus predios.  En otros casos,  los productores han tenido que acudir a prácticas como cosechar en canoa, con la cual no todo el fruto se puede aprovechar.
 
No menos inquietante resulta la afectación de la infraestructura y servicios sociales de los asentamientos poblacionales, que colocan a las comunidades de las zonas palmeras en situaciones de vulnerabilidad, particularmente en lo que atañe a vivienda y saneamiento básico; con lo cual cobra aún mayor vigencia la iniciativa tendiente a aunar esfuerzos y recursos de los sectores público y privado con miras a superar las enormes carencias que se presentan al respecto.
 
“De otra parte, nos preocupa que la persistencia de las lluvias en las Zonas Central y Norte del país,  a mediano plazo, pueda disparar los problemas sanitarios, que ya de por sí han impactado de una manera altamente desfavorable los rendimientos de fruto y de aceite por hectárea, y por consiguiente los ingresos de los productores, en una coyuntura marcada por la revaluación del peso”.
 
Mesa Dishington denunció que, sumado al impacto de la oleada invernal, en la Zona del Catatumbo también se han afrontado acciones de la guerrilla que han ocasionado, la avería en un caso, y la destrucción en otro, de dos puentes vitales para la movilización de las personas en general y los palmicultores en particular, al igual que el abastecimiento de productos de primera necesidad y el transporte de la fruta y aceite de palma; todo lo cual ha restringido los accesos y generado altos costos de movilización y pérdidas cuantiosas.
 
Tal situación amerita un mayor rechazo teniendo en cuenta que muchos de los pequeños palmicultores de la zona se han comprometido en la última década en un ambicioso proyecto de sustitución de cultivos ilícitos y abrigan enormes expectativas con respecto a los beneficios económicos, sociales y ambientales que habrá de depararles su inserción en una actividad promisoria como es la palmicultura.
 
En tal sentido, el dirigente gremial urgió a los Gobiernos nacional y departamental para que se ejecuten las acciones necesarias y se alleguen los recursos requeridos con miras a paliar la difícil situación por la que atraviesa la zona, al igual que se propicien los estudios y se proyecten las obras de infraestructura vial que permitan mejorar la comunicación vial de la misma con el resto del país.