El designado director mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, José Graziano Da Silva, destacó a Colombia como uno de los cuatro países de América Latina con disponibilidad de tierras para desarrollar programas de biocombustibles sin arriesgar la producción de alimentos.

Los otros países son Argentina, Brasil y Paraguay, señaló el exministro brasileño durante un foro sobre seguridad alimentaria y biocombustibles promovido por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural en el marco de la Feria Internacional Agroexpo 2011.

“En Brasil, Argentina, Paraguay y Colombia hay grandes oportunidades reales de desarrollar biocombustibles de primera generación sin arriesgar la seguridad alimentaria. La oportunidad es real, no es ficción, no es algo nuevo. Ya tiene tradición”, subrayó.

Sin embargo fue enfático en señalar que es indispensable el diseño de un marco regulatorio, impulsar la investigación para darle una base tecnológica en la búsqueda de variedad de productos y un marco para la comercialización.

“Es fundamental tener un marco regulatorio para la comercialización de este combustible. No es un producto cualquiera. Es un producto energético que va a afectar a millón es de personas y es necesario, por eso, tener ese marco regulatorio”, agregó Graziano Da Silva.

“Yo creo que Colombia ha adoptado un buen desarrollo que es la mezcla que permite aprovechar todo el sistema regulatorio que ya viene funcionando para el petróleo, para los biocombustibles. Ese es el camino exitoso que ha mostrado Brasil, por ejemplo en el tema del etanol”, puntualizó el directo designado de la FAO quien en rueda de prensa advirtió, de otra parte, que los precios de los alimentos seguirán altos en los próximos años.

“Los precios van a quedar altos. Todos los estudios apuntan que los próximos años, no sabemos cuántos, los precios serán elevados”, indicó Graziano Da Silva.

Dijo que el fenómeno obedece a varios factores como el  aumento del consumo por encima de la capacidad de oferta y las incertidumbres climáticas y económicas en varios países.

Afirmó que al menos que el mundo enfrente una recesión como la ocurrida en el 2009, no hay perspectiva de reducción drástica de los precios de alimentos en los próximos años.