Llega al país un concepto que cambiará la manera de habitar de los colombianos, al combinar el sosiego y la camaradería de los viejos pueblos con las comodidades tecnológicas del nuevo milenio. Será la primera Ciudad Dormitorio de Colombia, un nuevo concepto de ciudad de campo que revolucionará la manera de vivir en la capital.

 

“Le Mont, nombre dado a este nuevo concepto de vivienda, “es un mundo donde vivir es otro cuento”, dice el Ingeniero Alejandro BattoMenendez, creador de esta idea que busca retomar lo bueno de la vida tranquila de los tradicionales poblados colombianos y mezclarlo con el confort y la tecnología de las modernas capitales del planeta. Una figura que se repite con éxito en otros países y que ahora llega a Colombia como respuesta a lo que muchos desean: vivir con otra calidad de vida.

El proyecto que tendrá una inversión de más de 250 millones de dólares, arrancó hace algunos meses con un completo estudio urbanístico de la capital de la República. La investigación abarcó las costumbres y la organización de la ciudad, lo mismo que sus ventajas y conflictos en cuanto a densidad de viviendas, servicios públicos y movilidad. “La conclusión es muy sencilla –señala la investigación- : Bogotá colapsará”.

Sin embargo, eso no sorprende. Es lo mismo que ha sucedido en las grandes capitales del mundo, que por ello han tenido que buscar soluciones al problema de la congestión habitacional y vehicular con las llamadas ‘ciudades dormitorio’ situadas en los suburbios.

Pero en el caso de Bogotá, los desarrolladores de Le Mont no querían una colmena como las que ahora se ven en Chía o en Soacha o en Mosquera, sino proponer un medio de vida diferente, especial.
 
La investigación, por otro lado, mostró otros aspectos que ayudaron al diseño de la nueva propuesta urbanística. Tres revelaciones fueron claves. La primera es que los colombianos son cordiales, queridos, amigos de hacer amigos. La segunda es que el 60 por ciento de los habitantes de la capital no son de Bogotá. Y la tercera es que los fines de semana, todos quieren escapar de la ciudad.

La conclusión es que la mayoría de los capitalinos, en general, al provenir de la provincia o ser hijos de inmigrantes, llevan todavía ese espíritu pueblerino que aún se respira en la zona rural del país. “Es ese espíritu, pero en el buen sentido de la palabra. El que se refleja en el placer de tomarse un tinto, de platicar, muy alejado del carácter impersonal y egoísta que se ve hoy en las selvas de cemento de las grandes urbes metropolitanas”, advierte Batto.

De allí nació el nuevo concepto de la pequeña ciudad de campo que conforma el proyecto Le Mont: que los padres vuelvan a tener una vida tranquila, en un espacio urbano que les dé libertad a sus hijos y una manera diferente de crecer en medio de árboles y no de centros comerciales encerrados o de juegos de computador y televisión, que son las pocas alternativas que ofrecen las urbes de hoy.

Para lograrlo, el consorcio español que representa Batto, aglutinó fuerzas con inversionistas colombianos para constituir Inversiones Inmobiliarias Lomalinda SAS., y adquirir, tras de una intensa búsqueda, cien hectáreas escogidas de una vieja hacienda de la sabana cundinamarquesa. Pero, al contrario de lo que se hace en la actualidad en los conjuntos cerrados, la decisión fue concentrar la construcción para dejar el máximo terreno virgen posible y evitar el impacto ambiental. Por eso, 30 hectáreas del proyecto estarán dedicadas a las nuevas viviendas, mientras que las 70 restantes serán de conservación ecológica.

Situado apenas a 19 kilómetros de la capital, en una hermosa explanada,  al pie de una colina, entre Cajicá y Zipaquirá, Le Mont será una fuente de muchas noticias y el referente de una nueva forma de vida que da el primer paso en Colombia.