Tanto expertos médicos y pedagogos, como madres con hijos en etapa de crecimiento, están de acuerdo en que ensuciarse es un proceso fundamental para lograr el desarrollo integral de los niños.

Así lo muestra un estudio liderado por la multinacional Unilever y desarrollado por la compañía investigadora TNS Data, que encontró que el 70% de las madres están de acuerdo en que los niños se ensucien mientras juegan.

Esta investigación fue ampliamente expuesta en el marco del I Foro sobre Desarrollo Infantil: Paradigmas sobre la suciedad, que contó con la participación de expertos en la materia, entre ellos, el Doctor John Richer, Consultor de Psicología Clínica de la Universidad de Oxford, y Beatriz Caba, la Directora de Programas de IPA Argentina, Asociación Internacional por el derecho del niño a jugar, quienes resaltaron  los beneficios que un niño tiene cuando juega y se ensucia.

El mundo real es “sucio”

Así suene paradójico, cuando un niño tiene libertad para ensuciarse mientras juega, se le facilitan los procesos cognoscitivos y la adaptación a su entorno. “El mundo real es sucio; los niños no aprenden cómo adaptarse a su mundo y crecer en él sin entrar en contacto con lo que los rodea, es decir, sin ensuciarse. Esto les permitirá tener una conexión con su entorno y a generar un sentido correcto de la realidad», afirma el Doctor John Richer, Consultor de Psicología Clínica de la Universidad de Oxford.

Según este experto británico, los niños que no exploran y no juegan en el mundo real, es decir, los que no reciben los beneficios de ensuciarse, tienen menos posibilidades de integrase de manera equilibrada al mundo, lo cual puede llevar al desarrollo de conductas inapropiadas o personalidades neuróticas. Es por esta razón que los adultos deben asegurarse que el niño pueda enfrentar, de manera exitosa, las situaciones de riesgo que puedan presentarse.

Adicional a esto, se debe tener en cuenta que si un niño entra en contacto con la tierra y se expone a sus microbios, el sistema inmune los va a identificar y va a evitar que se desarrolle hipersensibilidad. El ser humano que crece en contacto con su entorno y se expone a sus agentes patógenos, desarrolla un sistema inmune mucho más fuerte que los niños criados en un entono obsesionado por la limpieza.

A lo que la reconocida profesora Beatriz Caba, Directora de Programas de IPA Argentina, Asociación Internacional por el derecho del niño a jugar,  agregó que la expresión creativa se ve especialmente enriquecida cuando los niños toman contacto con los elementos de la naturaleza al aire libre.

La tierra, el agua, los animales, los árboles, hojas, pétalos, ramas, piedritas o frutos son recursos creativos para la infancia, su manipulación, exploración e investigación le permiten al menor vivenciar y aprender lúdicamente la realidad, potenciar su aparato sensorial, ejercitar la curiosidad y la observación compartida con otros niños.

El papel de los padres

Los barrios más sucios del planeta - El CairoLa Profesora Beatriz Caba indicó que “el adulto puede ser un facilitador o un obstaculizador en el desarrollo cognitivo, procedimental y actitudinal de un niño. Padres y docentes tienen el poder de favorecer espacios estimulantes de los sentidos y los aprendizajes significativos en la infancia, creando espacios y tiempos para el juego.

Poder trepar un árbol, embarrarse en un partido de futbol o mojarse en el parque buscando insectos parecen ser juegos de otros tiempos, pero son los que posibilitan construir nuestra subjetividad y nuestra capacidad creadora”.

Según la Profesora Caba, la clave es el permiso a jugar, que genera una actitud lúdica   dando la posibilidad de crear espacios y tiempos para que la  infancia pueda jugar con libertad de acción y significado en su contexto.

La hipótesis de la higiene

Según Richer, “Existe la hipótesis de la higiene que afirma que los niños expuestos a agentes patógenos a edades tempranas son menos proclives a contraer alergias”. Debe existir un equilibrio entre los métodos de limpieza y la exposición a agentes patógenos.

Este equilibrio se logra a través del contacto con el “mundo real”, lo “sucio” que los rodea, con el fin de aprender, adaptarse y crecer en él. Para Richer es importante saber diferenciar el tipo de suciedad, por ejemplo, la que está en forma de tierra o polvo, contiene incontables microorganismos que son esenciales para la vida. Del mismo modo, el intestino del ser humano contiene mayor cantidad de bacterias que gente en el mundo, las cuales son esenciales para la digestión.

Richer concluyó que “el hecho de que hayamos desarrollado sofisticados mecanismos para lidiar contra los patógenos, que a menudo residen en la suciedad, sugiere que nos hemos adaptado para convivir con ellos y que tenemos el potencial para tener una visión más progresiva del concepto de suciedad y el rol que ella desempeña en el desarrollo del hombre”.

La invitación general, fue a defender  el derecho a jugar de los niños sin temor a ensuciarse, siempre acompañándolos y estimulándolos a tomar riesgos y desafíos, con confianza, entrega y alegría, asegurando que no importa que tanto se ensucien si es para jugar y aprender creativamente acerca del mundo que los rodea,

Sobre el Doctor John Richer
El Dr. John Richer es un renombrado Psicólogo Clínico, y ha trabajado en el Hospital John Radcliffe en Oxford, en el Departamento de Psicología Pediátrica, del cual es el Director, por más de 25 años. Actualmente, enseña y supervisa las capacitaciones en psicología clínica en la Universidad de Oxford.

Sobre la Profesora Beatriz Caba
Beatriz Caba, es una reconocida docente, especialista en la temática del juego para los niños y su importancia en el desarrollo de los mismos. Trabaja en la formación de coordinadores, para Latinoamérica, en el National Lekotek Center de Evanston, Chicago USA.

A lo largo de su trayectoria profesional ha trabajado la temática del juego en todos los niveles de la educación formal, en donde su talento la ha caracterizado, llegando a ser una reconocida  docente en centros de formación profesional e institutos de perfeccionamiento docente.