Campesinas de Colombia, Paraguay, Perú, El Salvador, Honduras, México, Guatemala y República Dominicana organizaron un acto regional de “activismo fotográfico” para recordar a las autoridades del continente y a la comunidad internacional sus propuestas y demandas en el marco del Día Mundial de la Mujer Rural.

“Las mujeres transformamos el mundo, trabajamos la tierra, producimos alimentos, exigimos tierra e inversión, reconocimiento y justicia. Nuestra lucha CRECE.” Este fue el mensaje continental, resultado de la construcción conjunta donde cada grupo de mujeres tenía a su responsabilidad una parte del mismo.

A través de un trabajo fotográfico donde ellas como protagonistas de esta iniciativa sostuvieron una pancarta con el fragmento que le correspondía a cada país, se consolidó una sola imagen y una sola voz con esta afirmación que abarca las luchas y demandas que promueven.

Latinoamérica es una de las regiones con mayor concentración de la tierra y en esta desigualdad, las mujeres productoras son un sector tradicionalmente excluido.  Si bien los sectores rurales en general son los más pobres en los países de Latinoamérica, esta situación se acentúa aún más en el caso de las mujeres:

• En Colombia, por ejemplo, las mujeres jefas de hogar en zonas rurales ganan el 41% de los ingresos de los hombres en las mismas áreas.
• En Honduras, el 29% de la población rural es analfabeta, donde los mayores índices de analfabetismo en la ciudadanía femenina se presentan en la población mayor de 35 años. La tasa de analfabetismo de la mujer urbana es de 9.8 y de la rural de 25.7, según datos del instituto Nacional de Estadísticas (INE).
• En Perú, pese a que las cifras oficiales señalan que las mujeres son el 20.3% de los productores, sólo poseen el 4.7% de la tierra.
• Paraguay es el caso más extremo de concentración de la tierra: las pequeñas fincas (83.5% de las explotaciones), ocupan menos del 5% de la tierra de cultivo, mientras que los grandes propietarios acaparan más del 95%.
• En Guatemala, sólo el 8% de las tierras productivas a pequeña escala son propiedad de mujeres rurales.
• En El Salvador, la reforma agraria sólo benefició al 11.7% de las mujeres campesinas en su primera fase y al 10.5% en la tercera, según señala el informe Género y Propiedad en El Salvador de PRISMA.

“Existe una necesidad de aumentar masivamente las inversiones en las pequeñas agricultoras y pastoras, como una manera de empoderar a las mujeres rurales para mejorar la seguridad alimentaria de familias, comunidades y países enteros. Sin embargo, aun si estas inversiones se llevan a cabo, es probable que no sean suficientes para cerrar la brecha del género en la agricultura, impulsar la producción, mejorar la seguridad alimentaria, y empoderar a las mujeres. Los Estados deben mirar también a los niveles bajos de alfabetismo, leyes y prácticas discriminatorias con respecto a derechos de tenencia, herencia y acceso a servicios e información financiera, falta de servicios sociales adecuados en comunidades rurales, y violencia constante contra la mujer”, señala la coordinadora de la campaña CRECE de Oxfam para Centroamérica y Caribe, Ana Eugenia Marín.

Algunas voces:

“Pese a nuestro aporte a la economía familiar y a la alimentación nacional, padecemos los más altos índices de pobreza y analfabetismo.  Somos víctimas de violencia, nuestra salud es precaria y nuestro trabajo subvalorado, pues sólo el 4.7% de las productoras rurales posee un título de propiedad debidamente registrado”, sostuvo Lourdes Huanca, presidenta de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas Nativas y Asalariadas del Perú  (Femucarinap). “No estamos pidiendo regalos; pedimos que se hagan cumplir nuestros derechos a un trabajo digno, a una seguridad y soberanía alimentaria, a una vida sin violencia de género”, concluyó.

 “La violencia para la mujer es el no tener tierra. En segundo lugar, el no tener una vivienda digna. Así estamos siendo violentadas por el Estado. No tener una educación: estamos siendo violentadas; no tener una buena salud: estamos siendo violentadas; y no tener una alimentación digna: somos violentadas”, dice Senaida Cosagua del Comité de Unidad Campesina (CUC) en la comunidad de San Basilio (Guatemala).

“Deberíamos tener tierra igual que el hombre porque somos mujeres inteligentes y sabemos cómo cultivarla. Por ejemplo, en este paso que estamos dando de los huertos caseros (un proyecto productivo y asistencia técnica para mujeres), ¿qué necesitamos? un pedacito de tierra para darle seguimiento al cultivo de esos huertos caseros, para asegurar así nuestra alimentación sana.”, dice Ana Cecilia Ramírez, del municipio Chalatenango en El Salvador.

Las mujeres comparten la preocupación por la concentración de la tierra, fenómeno que en unos países es una realidad de antigua data, mientras que en otros está reapareciendo. En los países en los que, como Colombia, se debaten leyes marco, se propone que las mujeres sean también favorecidas en los procesos de adjudicación. “Las demandas de las mujeres a lo largo de la región debieran ser escuchadas”, remarcó Asier Hernando coordinador de la campaña

Crece en Sur América, “no sólo porque es su derecho, sino porque demuestran un conocimiento profundo de la realidad del campo y una clara identificación de las áreas que se necesitan cambiar para disminuir la pobreza y asegurar una producción sostenible de alimentos”, concluyó.