En los últimos años, los medios de comunicación y agencias de salud en todo el mundo, se han preocupado por una posible pandemia derivada de la gripe aviar, gripe porcina y muchos otros organismos.

En la nueva película “Contagio” pronta a lanzarse en Chile y en el mundo por estos días, el director Steven Soderbergh muestra una pandemia letal y sus consecuencias devastadoras, que – de acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, y reconocido por el virólogo del Reino Unido, John Oxford – es muy plausible.

Existe un estimado de que el 80% de las infecciones se propagan mediante el tacto, a través, de superficies como manijas de puertas, pasamanos de escaleras y los botones, que sirven como reservorios de la infección.  La premisa de la película que plantea que “con un contacto hay transmisión”, no es tan descabellado como podría esperarse.

El profesor Bill Keevil, Jefe de Microbiología de la Universidad de Southampton, explica: «el contagio es la transmisión de enfermedades por contacto directo o indirecto. Aunque esta película es ficción, es un hecho que los gérmenes pueden sobrevivir en superficies comunes como manijas de puertas, pasamanos de escaleras y botones, por días, incluso meses, y ser transferidos por las manos de la gente”.

Lavarse las manos, las campañas y los intentos para alertar a la opinión pública sobre la propagación de bacterias y virus a través de las superficies de contacto, ha sido un paso importante en la sensibilización de los riesgos, pero dado que el cumplimiento con los protocolos de lavado de manos está lejos de ser 100% – incluso en los hospitales y mucho menos entre el público en general – no hay más que hacer para reducir el riesgo de contaminación cruzada.

 “La mejor forma para protegerse uno mismo de los gérmenes, es lavándose las manos regularmente”, dice el Profesor Keevil, “pero simplemente no se hace lo suficiente.  El cobre  está comenzando a ser utilizado en hospitales para romper la cadena de infección, y debiéramos buscar donde puede ser empleado en los espacios públicos».

El cobre y sus aleaciones – como latón, bronce y cobre-níquel – son intrínsecamente antimicrobianos, lo que significa que son capaces de eliminar continuamente las bacterias, virus y hongos, entre limpiezas e higienizaciones.  En consecuencia, las superficies de contacto a partir de estos metales, están siendo instalados para ayudar a reducir las infecciones nosocomiales en los centros de todo el mundo, incluyendo la Unidad de Cuidado Intensivo del Hospital General Trafford en Manchesterl (en el Reino Unido) y en el Centro de Salud CIGMA  para adultos mayores ubicado en Francia.

La buena noticia para el público es que las autoridades también están buscando formas de aprovechar las propiedades antimicrobianas del cobre en espacios muy utilizados como centros de transporte para reducir la contaminación. En Chile, la estación subterránea de trenes Santiago Bueras, es la primera de muchas en estar equipada con pasamanos de cobre.  El Aeropuerto de Sao Paulo – uno de los más visitados en Brasil – también ha optado por el cobre en los pasamanos, y una escuela en Atenas, Grecia, ha ido más allá, incluyendo cobre antimicrobiano en los muebles y puertas, para así proteger la salud de los estudiantes. En una acción similar, dos guarderías en Japón han instalado superficies antimicrobianas de cobre, incluyendo carros de suministro de comidas, herrajes, fregaderos y grifos.