La propagación del SARS-Cov2 está teniendo considerables efectos negativos sobre la economía global, particularmente en las actividades de comercio, transporte, esparcimiento y turismo, así como en otros sectores, a través de los diversos encadenamientos productivos. Colombia no es la excepción.

El “frenazo en seco” que está teniendo nuestra economía por el Aislamiento Preventivo Obligatorio para prevenir la propagación del SARS-Cov2 (decretado por el Presidente de la República hasta el 13 de abril) tendrá un impacto desfavorable sobre la demanda agregada, lo cual significa menores ritmos de crecimiento.

En efecto, con este nuevo panorama, ANIF proyecta un crecimiento del PIB en el rango 1.8% y 2% para 2020 (inferior al 3.4% que preveíamos inicialmente), lo que estará sujeto a la duración del “frenazo”, donde esperamos alguna recuperación durante la segunda mitad del año. En caso de persistir la crisis de salud pública, el escenario macroeconómico del país podría ser más complejo, con una desaceleración del PIB hacia el rango 0.5% y 1%.

Por esa razón, ante este choque inesperado, se deben tomar medidas extraordinarias y construir estrategias para que se mitiguen los efectos de la propagación del virus. De otra manera, los impactos sobre el bienestar, los ingresos, el consumo, el empleo y la pobreza serán demasiado grandes y de difícil recuperación posterior.

En ANIF consideramos que se debe implementar un plan de reactivación económica, el cual debe desarrollarse por etapas: (1) Aislamiento para los más vulnerables (adultos mayores y los enfermos crónicos, especialmente del corazón, renales y con problemas inmunológicos, más aquellos que tienen enfermedades base respiratorias), quienes deben mantenerse aislados después del 13 de abril para salvaguardar su salud y su vida; (2) Retorno a las actividades económicas de la población no vulnerable para “reiniciar” la economía, manteniendo, por supuesto, las medidas básicas para evitar contagio (por ejemplo, algunas restricciones de aglomeraciones de personas y continuar con las campañas de salud pública para la prevención del virus); (3) Pruebas masivas de diagnóstico y aislamiento a los diagnosticados que tengan resultado positivo, lo que requerirá de un equipo de salud y epidemiología fortalecido en todos los departamentos y que se reserve parte de los recursos de liquidez anunciados por el Gobierno, para que el país tenga la capacidad de hacer centenares de miles de pruebas de diagnóstico; y (4) Atención en hospitales y clínicas a las personas con complicaciones de salud, lo que resalta la necesidad de contar con la capacidad instalada suficiente para atenderlos en el sistema de salud, incluso habilitar otro tipo de instalaciones (salones de eventos y hoteles) y ampliar así la capacidad instalada de atención.