Por: Santiago Castro Gómez, presidente de Asobancaria

Las mejores perspectivas en el entorno internacional y local indicaban, a principios de 2020, perspectivas de crecimiento favorables, pues el país se mantenía en un ciclo de expansión sostenido que permitía descontar un crecimiento cercano a 3,4%. Este mejor desempeño estaría jalonado por las actividades financieras, que permitían esperar un aumento de la cartera de 6,3% real anual, 2,4 puntos porcentuales (pp) por encima del crecimiento de 2019.

La materialización del COVID-19, que tomó al mundo por sorpresa, alteró estos paradigmas e introdujo fuertes cambios en los ámbitos económico y social.  A nivel local, se ha requerido que distintas instituciones de orden público y privado recurran a medidas excepcionales para aliviar y solventar la difícil condición por la que hoy atraviesa el país.

El Banco de la República de Colombia ha reaccionado de forma oportuna y asertiva interviniendo con medidas para aliviar la liquidez en la economía a través de reducciones en la tasa de interés, compra de títulos privados, reducción en los encajes y ampliación de entidades con acceso a subastas y ventanilla de liquidez, entre otras. Por su parte, la Superintendencia Financiera ha emitido varias normativas encaminadas a establecer el marco de acción de las entidades y usuarios sobre alivios, periodos de gracia, riesgo operativo, y tasas de interés.

Estas medidas de política pública han venido acompañadas del oportuno accionar de los establecimientos de crédito, los cuales, por iniciativa propia, han propendido por ampliar topes en las transacciones y retiros, eliminar costos en algunos de los servicios prestados, y lanzar nuevas líneas de crédito para apoyar a los sectores más afectados.

Con estas medidas, se han beneficiado hasta el momento cerca de 8,5 millones de colombianos por un monto cercano a los $174 billones, lo que representa más de la tercera parte de la cartera total. Así mismo se han otorgado créditos con garantías del FNG por $1,43 billones, correspondiente a 22.174 créditos. El monto consumido entre desembolsos y reservas asciende a los 8,96 billones (64% del total de recursos). El volumen de otorgamientos continuará aumentando a medida que las entidades surtan los procesos de aprobación, verificación y desembolsos.

Asobancaria, en medio del actual ciclo económico, ha revisado a la baja sus perspectivas en materia de cartera crediticia para 2020. Con la contracción esperada en la demanda de los hogares y la inversión, la pérdida de tracción en casi todos los sectores y el fuerte deterioro del mercado laboral, la actividad económica se contraería en cerca de 4,8% en 2020, impulsando a la baja la cartera crediticia, que presentaría un crecimiento modesto de 0,5% real.

Anticipamos, no obstante, que la caída en el crédito no se daría al mismo ritmo del PIB, considerando (i) los cuantiosos alivios para los clientes por periodos de gracia y la extensión en el plazo de los créditos, elementos que permiten esperar un mayor stock de cartera, (ii) la promoción de nuevas líneas de crédito por parte de las entidades y el volumen de desembolsos bajo el esquema de garantías y (iii) la transmisión de las menores tasas de interés, junto con el mayor espacio expansivo de la política monetaria.

Este menor crecimiento de la cartera total vendría acompañado por aumentos en la cartera vencida. Pese a los distintos alivios aplicados por parte de la banca a sus clientes afectados por la emergencia sanitaria, la exposición de la cartera a los segmentos más vulnerables indica que existen grandes posibilidades de una expansión de la morosidad.

Bajo el actual escenario de riesgos, la actualización de nuestro Índice de Alerta Bancaria (IAB) muestra un nivel de alerta en aumento a lo largo de año, alcanzando un nivel de riesgo medio-alto para 2020, un resultado en buena parte atribuible al deterioro de las condiciones económicas de los hogares y empresas, la volatilidad en los precios del petróleo y la volatilidad del mercado accionario.

La banca, de la mano del Gobierno, continuará trabajando en brindar un mayor apoyo a los colombianos mientras se consolida el proceso de desconfinamiento y reactivación paulatina de la economía. Todo ello, por supuesto, sin dejar de lado la importancia de corresponder a la confianza de quienes mantienen sus depósitos en las entidades, salvaguardando la estabilidad, la fortaleza y la solidez del sistema financiero, un sector sin duda crucial para impulsar la anhelada recuperación que hoy esperamos todos los colombianos.