Es la historia de James Reece (Jonathan Rhys Meyers), un empleado del embajador de Estados Unidos en París que en su deseo por destacarse como agente secreto, termina involucrado en un operativo para detener un atentado terrorista que busca atacar una Misión de Paz. Para ello contará con la ayuda de Charlie Wax (John Travolta), un agente de la CIA, algo arriesgado y loco, que lo meterá en situaciones muy peligrosas. Mientras los dos se abren paso por París, Reece descubre que las armas más mortíferas son las que más nos gustan.

Acerca de la película
De nuevo el dueto Pierre Morel y Luc Besson se unen para repetir el éxito anterior de Búsqueda implacable (Taken, 2008), con la cual lograron ubicarse en el número 1 de la taquilla de ese año, en Estados Unidos.

Ahora, Pierre Morel dirige a dos grandes estrellas: John Travolta y Jonathan Rhys-Meyers (Match Point, The Thudors y Los niños de China), en una película de espionaje basada en un argumento de Besson. Fue estrenada en febrero de este año en Francia y Estados Unidos, en este último país recogió 24 millones de dólares. La estrena en Colombia Babilla Ciné, con el apoyo de prensa en Cali de Séptimo Arte.

Acerca del director
Director, guionista, productor y director de cinematografía, Pierre Morel nació en Francia en mayo de 1964. Estudió cine y empezó como operador de cámara con Richard Berry, luego se desempeñó como director de fotografía en películas de Louis Leterrier, Nancy Meyers, Alek Keshishian y Luc Besson, entre otros, con quien estableció una gran amistad. Ha dirigido las cintas Distrito 13 (2004), en la cual mostró al mundo las emociones de la técnica marcial ‘parkour’; Búsqueda implacable, Taken (2008), Sangre y amor en París (2010) y actualmente se encuentra trabajando en la preproducción del megaproyecto Dune.

El comentario: La ciudad de la acción
Por Jordi Revert, tomado de LA BUTACA
Recomendada para fans de las comedias de acción y de colegas inconcebibles.
Jonathan Rhys Meyers interpreta a James Reese, un empleado del embajador de Estados Unidos en París que, sin quererlo ni beberlo, se ve embarcado en una misión antiterrorista junto a Charlie Wax (John Travolta), un nada convencional agente de la CIA. Su misión es la de evitar a toda costa un atentado organizado por terroristas paquistaníes en la capital francesa, con las complicaciones que se presuponen en un equipo formado por un diplomático poco acostumbrado a la acción y un agente expeditivo y barriobajero que desconoce cualquier forma de diplomacia.

Sangre y amor en París es, por tanto, otro ejemplo más de la eterna fórmula de la buddy comedy, o comedia de acción marcada por la alta incompatibilidad de sus dos emparejados protagonistas (la saga Arma letal sería el referente más recurrido).

Dirigida por Pierre Morel e impulsada desde la producción por Luc Besson, el tándem trata de repetir el éxito alcanzado en su anterior colaboración, Búsqueda implacable (2008), la cual consiguiera el número 1 de la taquilla estadounidense. Para ello, recurren a la insólita pareja que conforman un John Travolta no muy alejado de su papel en Asalto al tren Pelham 123 (Tony Scott, 2009) y un Jonathan Rhys Meyers en los últimos tiempos entregado a su rol de Enrique VIII en la serie Los Tudor (su última película en llegarnos fue Los niños de Huang Shi).

Sangre y amor en París supone, pues, una extraña reunión entre dos actores aparentemente tan poco llamados a entenderse en pantalla como los propios personajes a los que interpretan. Acción palomitera y francesa, certificada con el sello Besson y todo lo que ello significa (su mecenazgo ha permitido repuntes varios de la industria en sagas como Taxi, Transporter, o Los ríos de color púrpura).

La crítica: torbellino de acción irreverente
Por José Arce, tomado de LA BUTACA
Eficaz, chiflada, divertida propuesta de acción palomitera.

«Con este, ¿cuántos muertos irían?». «Sería el número 26». «Vaya, más de uno por hora en el último día». Esta conversación entre Charlie Wax (John Travolta) y James Reece (Jonathan Rhys Meyers) resume perfectamente tanto el espíritu como la misma trama de Desde París con amor, nuevo festival de acción palomitera surgido del cerebro de Luc Besson, en constante ebullición creativa desde hace ya tres décadas; una actividad frenética tan impredecible en sus calidades y temáticas como envidiable a nivel industrial por cualquier país europeo que pretenda hacer frente en algún modo a la poderosa fábrica cinematográfica americana.

En España, desde luego, no nos vendrían nada mal unas cuantas figuras como la suya. A los mandos de la película, uno de sus ahijados artísticos más aventajados, Pierre Morel, que tras el éxito de Búsqueda implacable se ganó a pulso el crédito suficiente como para tener una nueva oportunidad tras las cámaras. Y las que le quedan.

Si bien esta propuesta es sensiblemente inferior a su predecesora, no puede negarse la efectividad con la que el joven cineasta galo se mueve dentro de las hiperbólicas medidas de un cine cargado de testosterona; visualmente estruendosa, Morel plasma en imágenes la inteligente ─en su soltura─ irreverencia del guión pergeñado por Besson, en el que sin levantar ampollas el imperialismo yanqui se materializa en la figura de un increíble súper agente súper secreto de tebeo, macarra y tremendamente capaz del que se nos ocultan orígenes y adscripciones gubernamentales de cualquier tipo.

Travolta lo pasa en grande y disfruta de su carta blanca actoral ─homenaje al Vincent Vega de Pulp fiction incluido─, histriónico, pelón y repartiendo cera ─Wax on, Wax off es su chascarrillo de presentación─ a diestro y siniestro, a lo largo y ancho de un París en el que los maquiavélicos terroristas paquistaníes planean llevar a cabo un atentado de consecuencias dramáticas y pavorosas.

Ajena a constricciones de corrección política y moral, esta gamberrada, quimérica por lo anárquico de sus proposiciones, vuela en un suspiro a lo largo de hora y media en la que nada parece exigirse al espectador, más allá del disfrute amplificado de una aventura fugaz construida como un volátil shoot ´em up urbano de nueva generación, recuperable una y otra vez en formato doméstico una tarde de domingo.

Cien por cien eficaz en términos de entretenimiento, fullera en su poso y en su visión de los guardianes de la paz y el orden mundial, se subraya en su avance como burla de doble filo, disfrazada de armatoste pulp de serie B que no deja títere con cabeza y que coloca al público del lado de un héroe psicótico sin que se plantee siquiera, al menos durante buena parte de la proyección, lo que realmente está contemplando. Forzando un tanto su lectura, la verdad es que no está mal como reflejo de la realidad ─y de la ficción─ que nos hemos acostumbrado a absorber casi sin darnos cuenta.