Por: Natalia Tieso, Mg en Educación, Responsable de Desarrollo Regional para América Latina del Bachillerato Internacional (IB)

 Han pasado más de 500 años del descubrimiento de América y hoy estamos transitando la Cuarta Revolución Industrial – según el Foro Económico Mundial (2016, Klaus) – caracterizada por los avances tecnológicos como la robótica, la biotecnología, la inteligencia artificial, la impresión 3D y los vehículos autónomos, solo por mencionar algunos adelantos que dan origen a esta etapa.

En la escuela observamos que las comunicaciones entre familiares, amigos, colegas, profesores y alumnos son cada vez más frecuentes a través de diversas aplicaciones o redes sociales, pero poco reflexionamos sobre las habilidades que nuestros niños y jóvenes necesitan desarrollar para enfrentar un futuro incierto, y cómo promovemos la diversidad de un mundo globalizado en el aula. Afortunadamente cada vez más diversas organizaciones brindan propuestas para que el sector educativo continúe innovando sus prácticas pedagógicas cuando así lo desee.

El lanzamiento del marco de referencia elaborado por PISA (Programme for International Student Assessment, por sus siglas en inglés.) de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que promueve la competencia global, tuvo lugar en diciembre 2017. Fue entonces donde se propone preparar a los jóvenes para un mundo mejor a través del desarrollo de la “competencia global”, la cual requiere una capacidad de reflexión sobre cuestiones globales (tales como el medioambiente, la salud, el agua y saneamiento, etc.) a través del respeto hacia las diferencias, una escucha activa y empática y una prioridad del bienestar colectivo y del desarrollo sostenible.

Es así como la conciencia global requiere que los jóvenes tomen una actitud de apertura, sin preconceptos ni prejuicios, para poder involucrarse con personas de otras culturas, que hablen diferentes idiomas, consuman otros alimentos, escuchen otra música, se vistan de manera distinta, y puedan descubrir distintas maneras de conocimiento y de interacción social.

Las instituciones ofrecen programas educativos que promueven la mentalidad internacional al brindarles a los alumnos oportunidades para desarrollar su sensibilidad, curiosidad y voluntad, donde se fomenta el aprendizaje experiencial a través de proyectos con impacto social en distintas comunidades.

Los centros educativos cumplen, una vez más, un rol esencial en la formación de nuestros futuros líderes al promover la competencia global en distintos escenarios:

  1. Brindar oportunidades para conocer y luego realizar proyectos sobre asuntos globales que se llevan a cabo en otros colegios, en otros idiomas, de manera jurisdiccional, regional, y entre países,
  2. Proveer contextos diversificados y heterogéneos para que los alumnos puedan suspender (al menos por unos momentos) sus propios prejuicios, asuman que sus puntos de vista no son los únicos y que puedan evaluar la propia validez de sus ideas, creencias, y valores
  3. Involucrar a los alumnos en actividades que promuevan distintas perspectivas en distintos contextos.

En conclusión, valorar y jerarquizar la diversidad desde las aulas, basada en el respeto, el autoconocimiento y la autogestión, también ayudará a crear espacios de aprendizaje más seguros para que los adolescentes no sufran del bullying escolar ni cibernético actual.